Un día como hoy en 1998, un weón se iluminó con la idea más inútil de la historia: patentar el paraguas transparente.
El genio pensó que era bacán ver la lluvia caer mientras igual se mojaba las patas y la ropa, porque obvio, el invento no arreglaba ni una wea. Los weones que lo compraron terminaron con la cabeza seca pero con el poto empapado, caminando como si fueran modelos de pasarela mojada.
El paraguas transparente se transformó en símbolo de la estupidez elegante: los weones se paseaban felices creyendo que eran innovadores, mientras los demás se cagaban de la risa viéndolos chorrear agua por todos lados.
Al final, el invento quedó como recuerdo de que en este planeta de puros weones, siempre habrá alguien dispuesto a gastar plata en una wea que no sirve pa’ nada, pero que igual da tema pa’ reírse hasta que escampe.
Paraguas transparente
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