Resulta que una weona llegó con su bolsita llena de monedas, toda ilusionada pa’ meterlas en su cuenta, y los weones del banco le dijeron “no, gracias, estamos pasados de plata”. La weona quedó pa’ dentro, porque ni siquiera le preguntaron cuántas chauchas traía. O sea, capaz eran dos lucas en monedas de cien, pero los weones se pusieron finos como si fueran casino.
La ley, eso sí, dice que los bancos no pueden hacerse los lesos: están obligados a recibir la plata, aunque venga en monedas, billetes arrugados o con olor a completo. Pero estos weones alegaron “sobre stock de efectivo”, como si estuvieran nadando en monedas de veinte. La weona, indignada, denunció la situación, y ahora todos los demás weones se preguntan si acaso el banco puede rechazar la plata de uno.
En resumen: la weona quería depositar, los weones del banco se hicieron los pitucos, y la ley anda diciendo que no deberían hacerse los locos. Chile, país de puros weones y weonas, donde hasta las chauchas terminan siendo tema nacional.