En Coronel, Región del Biobío, los genios de la planificación urbana instalaron una reja justo frente a un paradero en la Ruta 160. Resultado: los weones podían ver pasar la micro, pero no podían subirse porque la reja les tapaba el acceso. Básicamente, un paradero de exhibición, como vitrina de museo.
La escena era tragicómica: los weones esperando con cara de esperanza, la micro frenando al otro lado de la reja, y el chofer saludando como diciendo “sorry cabros, esto es VIP”. Algunos vecinos, más atléticos, se grabaron saltando la reja pa’ alcanzar la micro, como si fuera prueba de educación física. Otros derechamente se resignaron y usaron el paradero como sombra pa’ fumar y pelar, porque pa’ tomar la micro no servía.
Y ojo, no es primera vez que pasa: en San Pedro de la Paz ya habían hecho la misma cagada meses antes, dejando otro paradero atrapado detrás de una reja. Chile, país de weones, donde hasta el transporte público se convierte en escape room.
En resumen: un paradero que sirve pa’ mirar la micro pasar, pa’ sacarse selfies y pa’ cagarse de la risa. Porque en este país, hasta esperar la micro es un deporte extremo.