En San Miguel, un grupo de weones disfrazados de overoles blancos se mandó el show más ridículo del mes: entraron a un centro comercial y se llevaron celulares, notebooks y hasta cargadores de Wom como si fueran premios de kermés. Los weones parecían extras de película barata, todos uniformados como si fueran brigada sanitaria, pero en vez de alcohol gel cargaban mochilas llenas de merca robada.
El plan era “profesional”: entrar rápido, intimidar con la pinta de laboratorio y salir corriendo. Pero como buenos weones, quedaron grabados en todas las cámaras de seguridad, y ahora la PDI los anda buscando con más ganas que cabros chicos detrás de la piñata. Los memes ya los bautizaron como “Los Power Rangers del retail”, porque cada uno parecía un personaje distinto pero todos igual de weones.
Los clientes que estaban comprando quedaron más confundidos que cura en discoteca: algunos pensaron que era operativo sanitario, otros que era performance artística, y al final cacharon que era un robo penca. Los guardias, también weones, se demoraron más que micro en hora punta y los ladrones salieron caminando como si nada.
La picardía chilena no falla: ya hay weones vendiendo los celulares robados en Marketplace con la descripción “nuevo, sin caja, entrego en estación de metro”. Y como siempre, habrá otros weones que los compren pensando que es ganga.
En resumen, los overoles blancos pasaron de ser símbolo de limpieza a ícono del choreo más weón del verano. Una mezcla de ridiculez, improvisación y humor involuntario que deja claro que en Chile, hasta el delito se hace con estilo weón.