La escena fue más ridícula que ver a un weón tratando de bailar cueca con zapatillas mojadas. Resulta que al compadre lo pillaron justo cuando se creía invencible, y los weones de la calle empezaron a gritar como si fuera final de la Copa América. Las weonas, con más chispeza que nunca, ya estaban vendiendo sopaipillas con pebre pa’ acompañar el espectáculo, mientras los cabros chicos corrían diciendo “¡lo pillaron, weón, lo pillaron!”.
El pobre quedó más atrapado que weón sin saldo en la micro, y los otros weones no paraban de sacarse selfies con cara de “victoria nacional”. Una vieja weona gritó que ahora sí se iba a acabar la teleserie, y otro weón juraba que iba a escribir un libro con el título “Cómo capturar a un weón en vivo y en directo”.
La cosa se transformó en un carnaval improvisado: los weones sacaron parlantes, pusieron reggaetón y las weonas empezaron a bailar como si fuera Año Nuevo. El capturado, más pálido que weón con caña, miraba pa’ todos lados buscando un milagro, pero lo único que encontró fue un coro de weones cantándole “chao pescao” y unas weonas vendiendo completos con mayo casera.
En resumen: un show digno de reality, con más cahuín que matinal y más risas que carrete con chela barata. El país de weones celebró como si hubieran ganado la lotería, y el protagonista quedó más funado que weón que se come la última empanada sin preguntar.