Dicen que la felicidad es un estado del alma, pero en Chile es más bien un estado del hígado después de un terremoto mal servido. Ayer, 20 de marzo, se celebró el Día Internacional de la Felicidad, y los weones de este país lo toman como si fuera feriado nacional: pura risa, puro chiste, y puro weón tratando de convencer al resto que la vida es más linda con una empanada en la mano y un vaso de pipeño en la otra.
La ONU inventó esta fecha pa’ recordarnos que la felicidad es un derecho humano, pero acá los weones lo interpretan distinto: “si la felicidad es un derecho, entonces yo tengo derecho a ser feliz con mi completo italiano, con doble palta y mayo casera”. Y claro, nadie discute, porque ¿qué weón no se alegra con un completo bien armado?
En las plazas, los weones se juntan a reírse de las desgracias del día a día: el Transantiago que nunca llega, el jefe que pide informes a última hora, o la suegra que aparece sin avisar. Todo se transforma en motivo de carcajada, porque en Chile la felicidad no se mide en dólares ni en ranking mundial, se mide en cuántos chistes fomes puede tirar un weón antes que el resto se le caiga la cerveza de la risa.
Y ojo, que la felicidad acá no es solo cosa de carrete. También está en los pequeños detalles: el pan calentito recién salido de la panadería, el vecino que presta la parrilla porque la tuya está más oxidada que la micro vieja, o el weón que grita “¡golazo weón!” en la pichanga de barrio. Esa es la verdadera felicidad chilena, la que no necesita manual ni curso de coaching.
En resumen: Día de la Felicidad, versión chilena, significa que los weones se ríen hasta de la mala suerte, se abrazan aunque estén choreados, y terminan la jornada con la panza llena y el corazón contento. Porque si hay algo que sabemos hacer bien en este país, es ser felices… aunque sea a punta de chistes ordinarios y carcajadas descontroladas.
Así que el 20 de marzo, los weones celebran con todo: unos se van a la playa, otros al cerro, y los más prácticos se quedan en la casa viendo teleseries repetidas, porque la felicidad también es no hacer ni una wea. Al final, ser feliz en Chile es simple: basta con ser un buen weón, reírse de la vida y compartir la talla con los demás.